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La polémica detrás del arte IA estilo Ghibli y el consumo de agua

Una oleada de ilustraciones generadas por inteligencia artificial con estética Studio Ghibli ha inundado las redes sociales, pero lo que parecía solo una tendencia visual adorable ha desatado un debate mucho más profundo: ¿cuánta agua cuesta crear estas imágenes y a costa de quién?

Por:
Now Mag

Durante las últimas semanas, plataformas como Instagram, Reddit y X se han llenado de imágenes generadas por IA que imitan el estilo visual de Studio Ghibli, el legendario estudio japonés de animación conocido por clásicos como Mi vecino Totoro o El viaje de Chihiro. Usando prompts como “village in the forest, Ghibli style”, usuarios de todo el mundo han creado miles de escenas oníricas y nostálgicas. Sin embargo, lo que comenzó como un experimento artístico o una simple curiosidad visual, se ha convertido en motivo de crítica por parte de ambientalistas, artistas y defensores de la propiedad intelectual.

El punto de inflexión vino cuando expertos en tecnología y sostenibilidad comenzaron a compartir cifras sobre el impacto ambiental de estas imágenes. Un estudio publicado en 2023 por investigadores de la Universidad de California estimaba que una sola consulta a modelos de IA generativa puede consumir entre medio litro y varios litros de agua, dependiendo de la infraestructura utilizada. Esto se debe principalmente al enfriamiento de servidores en centros de datos, donde la IA es entrenada y ejecutada. Y si bien una sola imagen puede parecer inofensiva, el fenómeno viral ha implicado millones de prompts y, por ende, millones de litros de agua utilizados.

Pero el agua no es el único recurso en disputa. La controversia también ha encendido alarmas en el mundo del arte, donde ilustradores y animadores denuncian que estos modelos de IA se entrenan con imágenes tomadas sin permiso de artistas humanos. En este caso, se trata del estilo reconocible de Ghibli —protegido por derechos de autor—, pero muchos sostienen que el verdadero problema es más amplio: el uso masivo de obras originales para entrenar sistemas que luego generan contenido "nuevo" sin atribución, sin pago, y muchas veces con fines comerciales. “Es como si te robaran tu voz para que otros canten con ella”, escribió en X una ilustradora independiente.

Así, la tendencia del “Ghibli-style” con IA no solo plantea preguntas ambientales, sino también éticas y legales. ¿Estamos celebrando el ingenio tecnológico o legitimando el plagio automatizado?, ¿puede una máquina “inspirarse” en una obra protegida sin violar derechos de autor? Los artistas reclaman una regulación urgente que ponga límites claros a cómo se alimentan y comercializan estos sistemas, mientras algunos estudios de abogados ya preparan demandas contra compañías de IA por infracción de copyright.

En medio de este cruce de visiones, el llamado parece ser hacia una mayor conciencia y responsabilidad. ¿Es justo juzgar a quienes generan arte con IA sin mirar el impacto de otras prácticas cotidianas? ¿Deberían las plataformas informar sobre el costo ambiental de cada imagen generada, como se hace con las emisiones de vuelos? Y más allá: ¿quién tiene derecho a lucrar con la estética y el trabajo de décadas de otros? Lo cierto es que esta discusión apenas comienza, y plantea una pregunta incómoda pero necesaria: ¿cuánto estamos dispuestos a pagar, en agua, energía y derechos, por la belleza digital?

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Creado el

April 3, 2025