¿Y si Chile comenzara a mirar la música como una oportunidad turística?

¿Y si Chile comenzara a mirar la música como una oportunidad turística?

Por Now Mag

3 min. de lectura

Desde el fenómeno BTS hasta el crecimiento de la música electrónica y festivales como REC, Rockódromo y Lollapalooza, la industria musical chilena comienza a mostrar un potencial que trasciende los escenarios. Las cifras abren una conversación sobre cómo los conciertos podrían contribuir al turismo, la economía y el posicionamiento internacional de nuestras ciudades.

Cuando pensamos en turismo, probablemente lo primero que se nos viene a la cabeza son playas, montañas, gastronomía o paisajes naturales. Pero ¿qué pasa con la música? Cada año, miles de personas viajan para asistir a conciertos y festivales, generando un movimiento que no termina cuando se apagan las luces del escenario. Hoteles, restaurantes, transporte y comercio local también forman parte de esta experiencia.

En el marco del reciente Día Mundial del Turismo, la Asociación Gremial de la Industria Musical Independiente de Chile (IMI Chile), junto a Chile Creativo, planteó una interesante reflexión: ¿qué pasaría si Chile entendiera la música como una oportunidad turística?

Y lo interesante es que ya existen cifras que permiten dimensionar ese potencial. Según datos compartidos por IMI Chile, Rockódromo 2024 generó un impacto económico estimado de $559 millones en Valparaíso, con más de 18 mil asistentes durante cinco días. Por su parte, REC 2025 alcanzó los $18.958 millones en Concepción, donde el 47% del público llegó desde otras ciudades y la ocupación hotelera promedio alcanzó el 92,5%.

A mayor escala aparece Lollapalooza Chile, cuyo impacto económico anual ha sido estimado por Lotus en más de US$60 millones, con un promedio superior a 216 mil asistentes anuales entre 2023 y 2025.

Pero el fenómeno no se limita a los festivales. Los grandes conciertos internacionales también pueden convertirse en una motivación para viajar. Un ejemplo especialmente actual es BTS, que esta semana se presenta en el Estadio Nacional. Según cifras de Viajes Falabella publicadas por BioBioChile, las búsquedas de vuelos y hoteles para las fechas de sus conciertos en Santiago aumentaron un 93,9% respecto del mismo período de 2025, mientras que las ventas de vuelos y alojamientos crecieron un 52,9% durante julio.

En paralelo, Chile ha experimentado un importante crecimiento en su escena de música electrónica, con festivales y productoras que han contribuido a posicionar a Santiago dentro del circuito internacional. Eventos como Creamfields, Piknic Électronik, The Grid han permitido recibir a grandes figuras del género, consolidando una oferta cada vez más diversa y especializada.

Aunque todavía no existen suficientes datos para dimensionar cuánto turismo genera específicamente esta escena, su crecimiento plantea una posibilidad interesante: que Chile se convierta en un destino atractivo para quienes buscan experiencias musicales que no necesariamente encuentran en otros países de la región. Quizás hoy su impacto turístico sea limitado, pero podría representar una oportunidad relevante a futuro.

MÁS ALLÁ DE LOS ESCENARIOS: UNA OPORTUNIDAD PARA LAS CIUDADES

En distintas partes del mundo, festivales como Tomorrowland en Bélgica, Sónar en Barcelona o Coachella en Estados Unidos se han convertido en parte de la identidad turística de sus destinos, atrayendo visitantes que organizan viajes completos en torno a la música.

Y el fenómeno tiene una dimensión global considerable. Según estimaciones de Grand View Research, el mercado mundial del turismo musical alcanzó los US$103.700 millones en 2025 y podría superar los US$330.000 millones hacia 2033.

Chile tiene una escena musical activa, festivales consolidados y una diversidad de territorios que podrían beneficiarse de esta relación entre cultura y turismo. Sin embargo, aprovechar ese potencial no depende únicamente de organizar más eventos, sino también de pensar en infraestructura, conectividad, sostenibilidad y colaboración entre el sector público y privado.

Las cifras disponibles, aunque responden a distintas metodologías y no son directamente comparables, permiten abrir una conversación que vale la pena tener. ¿Cuántas personas viajan específicamente para asistir a conciertos en Chile? ¿Cuánto gastan durante su estadía? ¿Podría una programación musical atractiva incentivar el turismo en distintas regiones?

Quizás la discusión no sea si la música debe convertirse en una prioridad turística, sino cuánto espacio estamos dispuestos a darle dentro de nuestra manera de pensar el desarrollo de las ciudades. Porque un concierto puede durar apenas unas horas, pero su impacto y las oportunidades que genera podrían extenderse mucho más allá del escenario.

Escrito por

Now Mag

LO MÁS LEÍDO

Ver todo
cinetveventosgastronomíamodamúsicaartediseñoarquitecturasetsplaylistsentrevistabailaresbueno

“El medio de los que viven la cultura antes de que sea tendencia”.

Únete a nuestra comunidad de gente NOW

NOW MAG